El mercado argentino de trigo mostró en julio una reactivación luego de meses de escasa actividad. La combinación de una mayor volatilidad en los mercados internacionales y la necesidad física de abastecimiento por parte de Brasil impulsó una mejora significativa de los precios locales y devolvió atractivo a las posiciones futuras. Sin embargo, detrás de esta recuperación persisten interrogantes sobre la competitividad exportadora, el impacto de los problemas de calidad de la campaña actual y el verdadero nivel de demanda necesario para absorber la gran campaña productiva obtenida.
Después de varios meses de escasa dinámica comercial, el mercado argentino de trigo comenzó a mostrar señales de reactivación durante julio. El movimiento estuvo impulsado por una combinación de factores externos e internos. Por un lado, la mayor volatilidad observada en los mercados internacionales generó oportunidades de ajustes en las cotizaciones. Por otro, la necesidad física de abastecimiento por parte de Brasil, principal destino del trigo argentino, volvió a darle sustento a la demanda regional.
Esta recuperación se trasladó rápidamente a los precios domésticos. Los valores disponibles registraron un rebote significativo y las cotizaciones de la nueva cosecha volvieron a ubicarse en niveles que resultan tentadores para muchos productores. Sin embargo, estos precios también implican desafíos para el sector exportador, ya que para mantener márgenes positivos sería necesario convalidar valores FOB más elevados y, en consecuencia, mejorar las condiciones de venta en el mercado internacional.
El repunte de precios logró despertar a un mercado que permanecía prácticamente estancado desde hacía varios meses. Los números de embarques reflejan claramente esa situación. Durante junio, los despachos al exterior se ubicaron aproximadamente un 30% por debajo de los registrados en el mismo período de la campaña anterior. La falta de competitividad, sumada a las dificultades de calidad observadas en parte de la mercadería disponible, limitó el ritmo exportador y redujo el interés de algunos compradores tradicionales.
Hacia el cierre de julio, sin embargo, la actividad comenzó a recuperarse y los embarques lograron acercarse e incluso superar los niveles observados un año atrás. Aun así, cuando se analiza el desempeño en términos relativos frente al volumen proyectado para la cosecha 2025/26, la actividad exportadora todavía luce moderada. Considerando las expectativas de una producción abundante, el mercado necesitará un flujo de negocios más intenso en los próximos meses para absorber la oferta esperada.
Uno de los factores centrales que explica la debilidad exportadora reciente ha sido la cuestión de la calidad. Los problemas observados en condicionaron la capacidad de originación y dificultaron el cumplimiento de determinados estándares comerciales. Como consecuencia, algunos importadores optaron por diversificar sus compras hacia otros orígenes, mientras que otros debieron ajustar sus especificaciones de molienda y calidad de harina para mantener el abastecimiento.
En este contexto, Brasil continúa desempeñando un papel determinante. Cerca del 70% de los embarques programados para julio tuvieron como destino el mercado brasileño, una concentración que refleja tanto la dependencia argentina de ese comprador como la necesidad inmediata de abastecimiento del país vecino. Todo indica que esta situación podría mantenerse durante las próximas semanas, al menos hasta el ingreso de la nueva cosecha brasileña y la normalización de su oferta interna.
La evolución de la demanda brasileña, la competitividad de los precios FOB argentinos y la capacidad de ofrecer mercadería con parámetros de calidad consistentes serán los factores que definirán si la recuperación observada en julio es apenas un rebote coyuntural o el inicio de una etapa de mayor actividad para el mercado triguero argentino.
Andrés Cannizzo
Especialista en Inteligencia de Mercado – Trigo, Maiz y Fertilizantes
Safras & Mercado